Una promesa sorprendente
05 - Febrero - 2024

El Registro Civil es la institución encargada de registrar los nombres de las personas

     En España, los nombres de los bebés se regulan según una ley de 1957. Hay un pueblo de Burgos, Huerta del Rey, con 1028 habitantes censados, que figura en el Libro Guinness de los Recórds como el pueblo con más nombres raros de todo el mundo, aunque casi todos provienen del santoral. Hay mujeres llamadas Canuta, Burgundófora o Eufronia y hombres que responden a Firmo, Dioscorides o Evilasio.

     Hasta hace unos años solo se admitían los nombres cristianos, pero cada vez son más los padres que optan por la originalidad. La tendencia se ha disparado en la última década. Hay niños con nombres vascos como Aitor, gaélicos como Dylan, o árabes como Omar. Hay algún Baco o Neón. Hay niñas con nombres como Chloe, Ainhoa y Nerea, o nombres que vienen del universo «Juego de Tronos», como Arya, Daenerys y Khaleesi.

     El Registro Civil continúa marcando límites. No se puede poner el mismo nombre a dos hermanos. Tampoco se permiten nombres con connotaciones negativas, como Hitler, Caín, Stalin o Judas. De la misma manera, no se puede ponerle Loco o Caca a tu vástago. Los nombres de famosos, como Rafa Nadal o Indiana Jones, están vetados. No vale un nombre que sea apellido, como García, Martínez o Fernández. Los nombres compuestos de más de dos nombres simples se excluyen. Juan Antonio está bien, pero no Ana María Purificación Sagrario o Kevin Costner de Todos los Santos.

     Se prohíbe poner a tu bebé el nombre de una marca como Danone o Gucci. Tampoco se admiten diminutivos como Anita o Juanito, ni nombres que se basan de abreviaturas, como ITV. Ni se admiten nombres que son de una fruta: Naranja o Kiwi. El objetivo es proteger al pequeño de confusiones y burlas que puedan herir su sensibilidad.

     En las Escrituras Dios se adjudica un nombre personal: «Yo soy el que soy», que en hebreo sería algo como Yahvéh. Hay un texto que describe la seguridad del creyente que aprende a confiar en este nombre de Dios. Figura en el capítulo 18 de Proverbios, verso 10:

      “Fuerte torre es el nombre del Señor; a ella corre el justo y se siente seguro”.

     El Señor explica su nombre a Moisés cuando saca a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Dice que los antiguos le conocían como Dios Todopoderoso, pero que ahora se presentaba como “Yo soy”. El nombre significa, en primer lugar, que él es un Dios que promete. Había prometido una liberación completa de toda clase de males a los que creyeran anticipadamente en Cristo y le dice a Moisés que ahora va a actuar en consonancia con esa promesa.

     En segundo lugar, el nombre Yahvéh o “Yo soy” habla de un Dios siempre presente. Un texto del profeta Isaías dice “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44:6) . En los salmos el poeta inspirado dice “Tú eres el mismo y tus años no se acabarán” (Salmos 102:27). El hecho de ser un Dios siempre presente significa que él puede seguir haciendo en la vida del creyente de hoy las cosas que hizo en el pasado. Su mano no se ha acortado para hacer bien a los que le buscan.

     Por último, el nombre “Yo soy” alude a un Dios poderoso. Esto se aprecia en el nombre “Jesús”, que significa “Yahvéh salva”. El mismo Dios que promete, que está presente, es el que ejerce poder en la persona que confía en Jesucristo como Señor. Puede calmar la tempestad, sanar el corazón, encender una luz en tus tinieblas. Jesús dice repetidamente que “Yo soy esto y aquello”: yo soy la puerta (Juan 10:7), yo soy el buen pastor (Juan 10:11), yo soy la luz del mundo (Juan 8:12), yo soy la resurrección y la vida (Juan 11:25). Todas estas afirmaciones se remontan al nombre del gran “Yo soy” que libera de todos los efectos del mal en el corazón y en la sociedad.

     Hay nombres vetados por el Registro Civil, pero hay un nombre que siempre fortalece al que confía en él. Los seguidores de Jesucristo insistían, después de verlo resucitado que «no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser liberados del mal».

     El nombre de Dios “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14), que es el nombre de Jesús, “Yo soy es el que salva” (Hechos 14:11-12), habla de un Dios que promete, un Dios siempre presente, un Dios poderoso para sanar vidas vacías. Esto puede ser tu experiencia. Es una promesa para mí y también para ti.

Usamos cookies propias y de terceros que entre otras cosas recogen datos sobre sus hábitos de navegación para mostrarle publicidad personalizada y realizar análisis de uso de nuestro sitio.
Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK Más información> | Y más