Hipérboles en la Biblia
Pablo Blanco
22 - Julio - 2010

En la redacción de la Biblia, así como en la de cualquier texto, se pueden observar figuras literarias de distinto tipo

     ...La Biblia, aunque inspirada, es un conjunto de libros de diferentes autores que viven en épocas y culturas diferentes, que diferente formación, y que emplean el vocabulario y el estilo literario que es propio de su condición y época. Como consecuencia de ello, en sus páginas abundan numerosas figuras literarias que deben tenerse en cuenta para una correcta comprensión de muchos de sus contenidos. Estas figuras (hipérboles, sinécdoques, metonimias, paradojas, antítesis, metáforas, personificaciones, anáforas, etc.) en muchas ocasiones dejan perplejos a personas no muy versadas en el conocimiento literario, y que con tanta sinceridad como ignorancia atribuyen en la mayoría de las ocasiones un sentido literal a todas sus frases y contenidos.

     Muchos de los seguidores de Jesús también se quedaban sorprendidos y escandalizados cuando hacían una interpretación literal de frases como: “mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Juan 6:55), hasta el punto de dejar de seguirle (Juan 6:66). Por una razón tan importante como esta, es necesario que todo el que se acerca a las Sagradas Escrituras, pero mucho más aquellos que tienen una responsabilidad pública para compartirlas ó enseñar, estén debidamente informados sobre estas cuestiones para evitar lo que a veces es demasiado frecuente, “meter la pata”, ó lo que es peor todavía, que algunos de sus oyentes caigan en el error fatal de pensar que las Escrituras contienen contradicciones.

     En este artículo voy a referirme a las hipérboles, porque es una figura mucho más corriente de lo que parece y que a muchos los trae despistados. La hipérbole es un “tropo” que consiste en que de forma exagerada se aumenta ó disminuye intencionadamente una declaración, para que el lector ó el interlocutor se hagan en su mente una imagen perdurable. Se trata de una figura retórica y literaria tan antigua como recurrente. Algunas de ellas son muy fáciles de detectar, pero en otras ocasiones es necesario encontrarlas en relación con los contextos de la misma frase, con otros pasajes y con la misma inteligencia. Despistarse de esta figura aceptándolas en una significación literal conduce inevitablemente al error ó a caer en una contradicción.

     En este artículo voy a mencionar algunas, a modo de ejemplo, comenzando por aquellas que son más fáciles de distinguir, y luego citaré unas pocas más, que ya no lo son tanto:

     Las hipérboles que quieren expresar una cantidad enorme, así que en muchas ocasiones mencionan objetos incontables y desconocidos como el polvo, la arena del mar ó las estrellas del cielo. (Génesis 22:17; 32:12; Génesis 41:19; Deuteronomio 1:10; 10:22; Josué 11:4; 1ªSamuel 13:5; 1ªReyes 4:20; Nehemías 9:23; Job 29:18; Salmos 78:27; Jeremías 15:8; 33:22; Oseas 1:10; Hebreos 11:12; Apocalipsis 20:8; etc.). También en ocasiones son referencias expresas a la imposibilidad de contar el número de algo tan numeroso: Génesis 13:16: Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; de manera que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá contarse. 1ª Reyes 3:8 Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste, un pueblo inmenso que no se puede numerar ni contar por su multitud. 1ª Reyes 8:5: Y el rey Salomón y toda la congregación de Israel que estaba reunida ante él, estaban con él delante del arca, sacrificando tantas ovejas y bueyes que no se podían contar ni numerar. Oseas 1:10: Pero el número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. O incluso a la incapacidad de relatar todos los hechos de Jesús, que no constan en los evangelios porque no cabrían en el mundo los libros que podrían escribirse. (Juan 21:25 Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían).

     Ahora subamos un nivel de dificultad para mencionar otras que en muchas ocasiones se han interpretado literalmente, pero que son tan hipérboles como las anteriores:

     1.- “Orad SIN CESAR” (1ª Tesalonicenses 5:17). La conocida frase de San Pablo es un llamamiento a que la oración ocupe un lugar fundamental en la vida de los creyentes. Es obvio que no se puede orar ininterrumpidamente porque hay otros mandamientos y misiones que llevar a cabo.

     2.- “Estad SIEMPRE gozosos” (1ª Tesalonicenses 5:16). El gozo por la salvación que Dios nos ha dado en Cristo Jesús, y por la esperanza de la vida eterna debe ser un sentimiento preponderante en cualquier circunstancia de nuestra vida, porque las bendiciones de Dios, sus promesas y su misericordia pueden consolar incluso en los hechos más adversos. Pero esto no quiere decir que haya momentos en los que también la tristeza tiene su lugar en nuestra vida. Por ejemplo cuando tenemos que presentarnos delante de Dios para confesarle nuestros pecados (2ª Corintios 7:10: La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de la cual no hay que arrepentirse). Y también de acuerdo con Romanos 12:15 hay que gozarse, con los que se gozan, pero también es necesario llorar con los que lloran. Luego ese llanto no es un estadio del gozo permanente.

     3.- “Mas para Dios TODO es posible” (Mateo 19:26). Es tal la grandeza del poder de Dios, que excede a todo conocimiento, que no en vano uno de sus títulos es “el Todopoderoso”. Sin embargo, en las páginas de las Escrituras vemos como hay cosas que para Dios no son posibles, también como consecuencia de su propia naturaleza justa y santa. Por ejemplo leemos en Hebreos 6:18 que por dos principios inmutables “es imposible que Dios mienta”. Aunque mucho se ha especulado sobre cuáles son esos dos principios, yo me inclino por la justicia y la santidad que le son inherentes. También es imposible que incumpla sus promesas, porque Dios es fiel (Hebreos 10:23).

     4.- “Señor, tú lo sabes TODO” (Juan 21:17). El Hijo en su condición de Dios conoce todas las cosas, y esa es una afirmación literal, pero cuando Pedro responde a Jesús con esta frase, está apelando al Jesús hombre, con el que ha compartido todo tipo de circunstancias como para que Jesús no ponga en duda la sinceridad de su lealtad y amor. Esta frase es hiperbólica, porque Pedro conocía las palabras que poco tiempo antes Jesús había pronunciado a sus discípulos acerca de su desconocimiento acerca del día y la hora del cumplimiento de algunos de los acontecimientos escatológicos (Mateo 24:36), lo cual volvió a repetir poco antes de su ascensión (Hechos 1:6 y 7).

     5.- “TODO me es lícito”. (1ª Corintios 10:23) A pesar de la rotundidad de la frase como la escribió Pablo, desde luego no todo es lícito para los creyentes. Por ejemplo, no es lícito repudiar al cónyuge por cualquier causa (Mateo 19:3, 9). En la misma epístola Pablo ya lo había dejado claro con el caso de aquel que tenía por mujer a la mujer de su padre. Aquello no era lícito. Y aquel PERVERTIDO tenía que ser echado de la congregación (1ª Corintios 5:13), y lo mismo tenían que hacer con cualquier otro que “llamándose hermano” fuese fornicario ó avaro, ó idólatra ó maldiciente ó borracho ó ladrón. Luego ¿podemos tomar como literal la frase “todo me es lícito”? Por supuesto que no. Pablo escribe la frase dentro de un contexto y quiere expresar que hay determinadas casos que tienen que ver con las costumbres arraigadas en la sociedad, en que los márgenes de libertad que tiene el cristiano son amplios y sujetos a la decisión personal, pero que aún estos tienen que ser contemplados tanto desde la conveniencia para el testimonio, como en lo que pueda afectar a otros creyentes con menos madurez y conocimiento.

     6.- “Examinadlo TODO, retened lo bueno” (1ª Tesalonicenses 5:1. Otra traducción dice: Probarlo todo) Este capítulo, como hemos visto ya con las dos primeras citas, está redactado en clave hiperbólica. Algunos han entendido que es bueno examinar todo para ver si de cada cosa, filosofía ó doctrina se puede extraer algo de bueno? Desde luego que no es ese el sentido. Ni tampoco dedicarse a experimentar cualquier cosa, pues está claro que, por ejemplo, los jóvenes deben huir de las pasiones juveniles y no “examinarlas” (2ª Timoteo 2:22). Todos debemos huir de toda impureza y de las cosas pervertidas y pecaminosas (Colosenses 3:5). El apóstol probablemente tiene en mente la idea de “comprobar, verificar” las doctrinas, como hacían los judíos de Berea, y en el sentido en el que Juan también escribe que se deben “probar los espíritus”. De todas formas tampoco quiere decir que inquisitorialmente tengamos que hacer un examen de todo cuanto se predica y se escribe, sino que se trata de un consejo para mantener una actitud precavida y no descuidada, para que únicamente aceptemos lo bueno, lo correcto, lo sano.

     7.- “Y TODO lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. (Mateo 21:22) “Por tanto, os digo que TODO lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” (Marcos 11:24). Quieren decir estas frases literalmente que cualquier cosa que se pida en oración, creyendo que va a ser concedida, la recibiremos? Por supuesto que no, porque tenemos determinados contextos y la oración es un instrumento esencial, pero tiene su reglamento. Por ejemplo Santiago da una de las claves cuando escribe lo siguiente: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4:3). Juan en su primera epístola menciona otra de las claves: 1ª Juan 5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa ‘conforme a Su voluntad’, él nos oye. (1ª Juan 5:14). También hace tener el deseo de llevar una vida de obediencia que agrade a Dios. Por medio del profeta Isaías, Dios dice que aborrece las oraciones de aquellos Los judíos oraban a Dios, pero Dios no escuchaba sus oraciones a causa de la vida de iniquidad que llevaban. (Isaías 1:15-17). Tampoco serán respondidas las oraciones de los hipócritas que las elevan para ser vistos ú oídos por los demás (Mateo 6:5).

     Pero aun respetando estas condiciones que he mencionado, que ni siquiera son exhaustivas, tampoco todas las peticiones serán otorgadas, porque a) Dios tiene sus tiempos, sus propósitos, una plan general para la humanidad y planes particulares para sus hijos que condicionan algunas de nuestras peticiones a proyecto de superior importancia. B) A veces pedimos cosas que no nos convienen, y el Espíritu Santo ‘traduce’ nuestras peticiones para que nos sea otorgado aquello que nos conviene más, que es mejor para nosotros, para los que nos rodean ó para la causa de Cristo.

     8.- “Después de esto miré, y vi una gran multitud, que NADIE podía contar, de TODAS las naciones, tribus, pueblos y lenguas”. (Apocalipsis 7:9) Esta frase de Juan no contiene una, sino dos hipérboles en una misma oración. La primera, “una multitud que nadie podía contar”, corresponde al estilo de las que mencionamos y ya hemos tratado en el primer lugar. La segunda, “de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas”, es igualmente una hipérbole y no literal, a pesar de que he encontrado a muchos hermanos que interpretan que el término “todos” es literal, negando que se trate de una hipérbole. El hecho de que las tribus y las naciones surgen y se extinguen a lo largo de la historia humana y de toda el planeta, y que a muchas de ellas no llegó el evangelio durante su existencia, plantearía una dificultad en la que muchos han tropezado, y sobre la que no me voy a extender porque requeriría por sí misma un largo artículo, Dios habría tenido que proveer la salvación a algunos de sus miembros por un medio diferente al del mensaje del evangelio (ya sea en esperanza, como en el Antiguo Testamento, ó consumado, como en el Nuevo Testamento). Así que, únicamente para concluir y a la vez dejar constancia de que se trata de una hipérbole, basta con demostrar que las escrituras dejan entender que de algunos pueblos ó tribus no hubo salvos. Así que me basta con citar como ejemplos al pueblo de Amalec (Éxodo 17:14-16; Deuteronomio 25:19), y los habitantes de Sodoma y Gomorra (Mr. 6:11), a los que Jesús atribuye castigo, pero no salvación.

     Este texto se debe encuadrar como una hipérbole más con la que el apóstol Juan viene a expresar que si los “siervos de Dios” (Apocalipsis 7:3), los 144.000 sellados que se mencionan en la primera parte del capítulo 7 de Apocalipsis eran todos ellos pertenecientes exclusivamente al pueblo de Israel, hay otra clase de “siervos de Dios” (v-15, “le sirven día y noche en su templo), a los que describe a partir del versículo 9, y que es muchísimo más numerosa que la anterior, pues “no se puede contar” (a diferencia de los 144.000 contados), y está formada por personas de toda condición sin distinción de nacionalidades.





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