Experiencia en Valdemingómez
Hyo Hwan Cho
03 - Septiembre - 2009

Imagen de este poblado marginal de Madrid, lugar de residencia de numerosos drogodependientes

     Primero Pitis, luego Las Barranquillas y ahora Valdemingómez. Se puede decir que es el nuevo punto de venta y consumo de todo tipo de drogas. Más “organizado”, donde hay más venta, más consumo, luego más miseria y es más infrahumano aún si cabe. Visitar un sitio como Las Barranquillas o Valdemingómez no es una experiencia demasiado agradable, evidentemente. Pero por lo menos te queda el consuelo de saber que sólo es una visita. Todo cambia cuando no son tus ojos los que ven eso, sino los de Cristo, lo único que sientes son ganas de llorar. Gente que no tiene ninguna esperanza, que lo ha perdido todo, que empezó probando la droga para evadirse de los problemas pero ahora son esclavos de ese polvo blanco que les ha quitado absolutamente todo, sin embargo no pueden dejar de buscarlo.

     Nos encontramos con todo tipo de gente, gente que directamente no quiere salir de esa situación, gente que quiere pero… más tarde, gente que lo ha intentado más de una vez y ha fracasado y gente que reconoce que él no puede y se agarrara a Cristo para salvación de su vida y de su alma, como es el caso de nuestro querido hermano Antonio (colaborador del centro Fuente de Vida), en el que vemos la mano de Dios obrando, ya que Cristo le sacó de más de 20 años de drogodependencia.

     La pregunta es, ¿por qué Antonio ha podido y muchos otros que lo intentan fracasan? Y es que cuando el encontrarte con Cristo no es una simple experiencia, o una emoción, o una serie de ideas que te metes en la cabeza, sino es un quebrantamiento de nuestra condición pecadora provocando en nosotros arrepentimiento, y no sólo eso sino también FRUTOS DIGNOS DE ARREPENTIMIENTO, nuestra alma se convierte y ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí.

     Pero otra pregunta es, ¿es necesario caer en lo más bajo de las dependencias con la droga para darnos cuenta y experimentar una verdadera conversión? Y la respuesta es NO. Porque ante los ojos de Cristo el sentimiento de compasión es exactamente igual hacia una persona atada por la droga y otra persona atada por su orgullo, o su avaricia, o su falta de amor, o sus envidias, engaños, celos, iras, en resumen una persona atada por su PECADO.

     Lo que pude aprender en esta visita a Valdemingómez es que ante los ojos de Dios, aquel drogadicto que se pinchaba en el cuello porque ya no le quedaban más venas y yo estamos en el mismo nivel, somos pecadores. Y para salir de esta situación de drogadicción o de pecado, puedo gastar todas mis energías en centros de rehabilitación, o haciendo cosas “buenas” a mis ojos para compensar mi condición pecadora. Pero todo eso de nada sirve hasta que no me encuentre cara a cara con Cristo y de ese encuentro salga quebrantado, humillado, arrepentido y en consecuencia, restaurado por la sangre de Cristo. Y en la vida que me queda por delante hacer frutos dignos de arrepentimiento y vivir una vida que dé gloria y honra a Aquel que me salvó de la condenación eterna. Y en esto coincidimos tanto Antonio como yo. Gloria a Dios por su misericordia y por la obra que está haciendo en Moralzarzal.





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