La semana santa y los ídolos
P. Blanco Rodríguez
03 - Abril - 2009

Multitudinaria procesión tras un ídolo de madera en una semana santa

     Otro año más se aproximan las fechas en las que la España católica celebra la semana santa en recuerdo de la entrada de Jesús en Jerusalén, su crucifixión y su posterior resurrección. Una masa gigantesca de seguidores llenan estas fiestas, hecho que contrasta con la soledad y frialdad de las catedrales e iglesias el resto del año, donde un número muy pequeño de personas van de forma constante. Parece que para los católicos “de apellido” ir a la iglesia y ser consecuente acaba con los regalos de la primera comunión, para no volver hasta la celebración del matrimonio y luego el funeral... y anualmente celebrar el fervor de la semana santa.

     Entonces se producen hechos y conductas, que no por ser algo arraigado y de rutinaria costumbre dejan de estar mal a la luz de la Biblia. Prácticas que se sitúan en las antípodas del mensaje que transmite la Palabra de Dios. El más importante, centro de todos estos actos, es el que constituye la idolatría.

     Hablando en ocasiones con auto reconocidos católicos, me comentan que “no somos idólatras, nos gustan las imágenes pero que las utilizamos para poder ilustrar la pasión de Cristo”. Este argumento, simplemente, no se sostiene. Y para ello no es necesario si quiera, coger la Biblia. Porque por un lado nos encontramos imágenes de todo tipo (cristos, marías, discípulos, vírgenes, santos…). Por otro lado nos encontramos con que la gente no sigue a Dios, ni a Jesucristo, sino que sigue exclusivamente a su imagen, a la cual ruega y se humilla, y en ocasiones entra en disputas con las imágenes de otras iglesias. Muchas veces hemos oído, en boca de un católico: “¡¡Bueno, yo por mi Cristo del sagrado poder (no se si existe alguna figura que se llame así)... Lo daría todo!!” o “¡¡Solo con tocar la mantilla de la virgen de los desamparados…!!”. Lo cierto es que en vez de enseñar lo que la Biblia dice, han hecho desde toda la vida, esta inculcación idólatra a sus fieles.

     La Biblia es contundente. Cuando Moisés subió al monte para recibir las tablas de los diez mandamientos, uno de ellos decía: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20 4:6). Dios muestra su voluntad y determina que Él es el único digno y merecedor de toda la gloria y honra. Dios no quiere que las personas veneren imágenes que nada pueden hacer y que le quiten la adoración al único Dios fiel y verdadero.

     Tanto es así, que el profeta Isaías en el capítulo 40 (a partir del versículo 18) hace una serie de preguntas: “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis? ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?” El propio profeta contesta a sus preguntas “Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio”. Lo cierto es que no se puede reducir a Dios a un trozo de madera o a una imagen que pueda concebir la imaginación y habilidad de las personas. Sencillamente, Dios, no puede ser reducido. Y decir que en una imagen se encuentra Dios, es insultar su grandeza.

     El salmista critica a los ídolos y a las personas que los hacen: “Los ídolos de las naciones son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, y no hablan; Tienen ojos, y no ven; Tienen orejas, y no oyen; Tampoco hay aliento en sus bocas. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y todos los que en ellos confían” (Salmo 135:15-18). Ídolos que son impotentes, que están muertos, que nada pueden hacer… que son tan frágiles que el mero paso del tiempo los deteriora y necesitan ser reparados. ¿Cómo puede compararse al Dios verdadero, cuya naturaleza es eterna, que es el alfa y omega, principio y fin con algo que sufre el paso del tiempo? ¿Cómo puede Dios necesitar que una creación suya, pecadora y corrompida, tenga que repararle a Él? Es sencillamente, triste a la par que insultante (a Dios) la ignorancia de aquellos que piensan así. Y el propio salmista los compara y acaba diciendo que son igual a los ídolos los que en ellos confían, es decir, ni ven, ni oyen, ni entienden cual es la voluntad de Dios revelada, en nuestros días, exclusivamente en la Biblia.

     El profeta Isaías (capítulo 44), habla del proceso de creación de un ídolo y a sus creadores los califica como algo vano, que los propios talladores son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. Continúa diciendo: “He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una”.

     Isaías 44:14-18 “Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú.” Esto pasa actualmente. Los que siguen a los ídolos no se dan cuenta que esa madera… es simplemente madera, que del mismo árbol se toma para hacer una banqueta y un ídolo, que cuando la banqueta no vale se echa en una hoguera y arde y se quema, y es el mismo origen que el que tiene la imagen ante la que los hombres se arrodillan.

     Isaías 44:19-20 “No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha?”. No hay mas ciego que el que no quiere ver, ni mas sin razón que la del que entendiendo que no tiene razón no quiere dar su brazo a torcer.

     Para acabar, el apóstol Pablo resumió a la perfección en el mensaje del Areópago que tuvo para con los atenienses la verdadera esencia de Dios, donde está y donde se le puede encontrar.

     En Hechos 17:24-31 nos lo revela: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

     Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos”.





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