El Impulso Irracional
26 - Enero - 2010

El ser humano es esclavo del pecado, y es víctima de su efecto.

     Este es el primer artículo del 2010. Siempre que termina un año se presenta la oportunidad de analizar cómo ha sido el año anterior y qué nos depara el próximo. Es algo que se hace a nivel informativo con resúmenes de las noticias más importantes del año que termina y previsiones de los acontecimientos más importantes del siguiente. Este ejercicio es interesante hacerlo también a nivel particular, seguro que muchos de vosotros ya lo hacéis. Son varios los aspectos que se podrían resaltar sobre este asunto, pero quiero detenerme en uno de ellos. Cuando analizamos lo que hemos hecho en el pasado, es muy probable que nos encontremos con situaciones en las que nos hemos comportado de una forma irracional, nosotros mismos no nos reconocemos en nuestras acciones y nos preguntamos, “¿Qué ha ocurrido?”, “¿Por qué me comporté así?”. El asunto es serio porque estos comportamientos pueden traer consecuencias desastrosas.

     En el libro “El impulso irracional”, los autores Ori Brafman y Rom Brafman analizan este fenómeno. La obra se presenta de esta forma, “De cuando en cuando aparece un libro que no solo pone en entredicho nuestras visiones del mundo, sino que cambia nuestra forma de pensar”. El enunciado puede parecer pretencioso pero el contenido del libro hace honor a las expectativas que se presentan. Los autores defienden que hay fuerzas que nos dominan cuando tomamos decisiones y que todos somos susceptibles de caer bajo su influencia, no importa el trasfondo social al que pertenezcamos. Pero van más allá y nos ayudan a reconocer y comprender cómo actúan esas fuerzas para poder dominarlas. “¿Qué fuerzas psicológicas subyacen en nuestras conductas irracionales? ¿Cómo logran dominarnos? ¿Cuándo somos más vulnerables a ellas? ¿Cómo afectan a nuestras carreras? ¿De qué forma influyen en nuestras relaciones empresariales y personales? ¿Cuándo ponen en riesgo nuestras finanzas e incluso nuestras vidas? ¿Y por qué no nos damos cuenta cuando nos están dominando?”.

     Son muchos los ejemplos actuales que en el libro se presentan para defender la tesis principal. Cada uno de nosotros podía aportar sus propias experiencias para demostrar que el análisis es certero. El libro continúa ofreciendo más evidencias e intentado aportar soluciones al problema. Pero quiero detenerme en una frase que me parece fundamental para entender lo que ocurre en nuestro interior : “Al vivir en una época en la que hemos logrado predecir huracanes, tratar enfermedades con complejas intervenciones médicas, cartografiar el Universo y recoger los beneficios de proyectos empresariales sistematizados, es fácil olvidar que, bajo la superficie, nosotros los humanos seguimos influidos por fuerzas psicológicas irracionales, capaces de socavar una perspectiva lógica del mundo que nos rodea”.

     El problema que presentan los autores de este libro es algo que el apóstol Pablo ya desveló en la epístola a los Romanos, en el capítulo 7 cuando afirma que “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. En un pasaje que resulta estremecedor, el apóstol habla de la lucha que se produce en su interior con fuerzas que le dominan y le obligan a actuar de forma que podemos calificar de “irracional”. ¿Quién es el culpable? Pablo es contundente en su identificación: “El pecado que mora en mí”. Esta realidad es fundamental para analizar este fenómeno. Jeremías 7:9 hace una pregunta que coincide nuevamente con el problema planteado por el libro, “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Necesitamos “ayuda externa”; el mismo Dios, quien escudriña la mente y prueba el corazón.

     Somos seres pecadores por naturaleza y el pecado nos domina hasta el punto de llegar a exclamar como el apóstol: “¡Miserable de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. La respuesta es clara también, somos libres del pecado y su esclavitud “por Jesucristo nuestro Señor”. Es en Él donde encontramos la verdadera libertad, es Él quién nos libra del poder del pecado.

     En este año que hemos empezado tenemos dos opciones, creernos autosuficientes y confiar en nuestras propias fuerzas para controlar nuestra vida o acudir a nuestro Señor Jesucristo para conseguir la ayuda que necesitamos. La decisión depende de nosotros y las consecuencias serán también nuestra responsabilidad.





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