La vida puede ser maravillosa
21 - Diciembre - 2009

Fotografía de Andrés Montes, famoso periodista español, recientemente fallecido

     Ésta es una de las frases que el periodista Andrés Montes dejó para el recuerdo en sus retransmisiones de fútbol y baloncesto. Cuando finalizó el Eurobasket, en el que la selección española resultó vencedora, Montes se despidió de la audiencia con esta frase, después de anunciar que era la última retransmisión que realizaba en la cadena donde estaba trabajando. Pocos días después, el periodista apareció muerto en su cama. A día de hoy, no se han hecho públicas las causas de su muerte, en algún momento se habló de suicidio pero creo que no se ha confirmado, pero lo que sí es una realidad es que debajo de su apariencia jovial y divertida sus conocidos confiesan que se escondía un hombre frágil y necesitado de cariño.

     ¿Por qué hago referencia a este trágico suceso? Aparte de recordar a un excelente periodista que revolucionó la forma anodina y aburrida de las retransmisiones deportivas a las que estábamos acostumbrados, creo que la vida de Montes es un ejemplo de muchas de las realidades que hoy vivimos. Se acerca la Navidad y, además de despojarla de todo su significado y convertirla en una fiesta dedicada al consumo y al exceso, todo el mundo se esforzará por aparentar una felicidad que en muchas casos es ficticia, viviremos un bombardeo de buenos deseos y propósitos, de caras sonrientes, abrazos, felicitaciones, en resumen, una expresión colectiva afirmando: “La vida puede ser maravillosa”. Pero la realidad es muy distinta, debajo de esa fachada, hay dolor, tristeza y vacío en muchas personas y, en el mundo en general, ¿qué podemos decir? Guerras, violencia, injusticas sociales, abusos de poder, corrupción, millones de personas sumidas en la miseria más absoluta… ¿la vida puede ser maravillosa? Sí, puede serlo, pero la realidad es que no lo es.

     Paulo Coelho, a quién ya dediqué un artículo hace unos meses, ha reflejado esta problemática de forma magistral en su última novela, “El vencedor está sólo” (ed. Planeta, 2009). El libro tiene esa mezcla sincretista que envuelve la vida de su autor, pero se centra principalmente en una enseñanza bíblica que aparece en el libro de Eclesiastés, “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La novela se desarrolla a lo largo de 24 horas en la ciudad de Cannes, durante la celebración de su conocido festival de cine. Por sus calles desfilan todo tipo de personajes del mundo del espectáculo, describiendo un ambiente en el que predomina la apariencia, con personas dispuestas a cualquier cosa con tal de conseguir sus sueños. Cada personaje representa a un tipo de persona cuyos valores morales están al servicio de la fama. Actrices, modelos, distribuidores, productores, etc, nadie escapa a la feroz crítica de Coelho. La novela es un cuadro estremecedor sobre la vanidad y la fugacidad de la fama, y lo hace con un ritmo frenético que podríamos calificar como thriller, aunque él mismo apunto en la introducción que: “no es un thriller, sino un crudo retrato del mundo en el que vivimos”.

     Por Cannes desfila una serie de personas que pertenecen a la “superclase”. Los “ciudadanos de a pie”, los observan con envidia anhelando disfrutar de sus vidas, pero ignoran la realidad, “Los superclase intentan vender sus valores. Los seres humanos normales se quejan de la injusticia divina, envidian el poder, sufren al ver que los demás se divierten; no se dan cuenta de que nadie se divierte, todos están preocupados, inseguros, esconden su enorme complejo de inferioridad detrás de sus joyas, sus coches, sus carteras repletas de dinero”.

     Creo que Coelho ha realizado un diagnóstico perfecto de nuestra sociedad actual. Que las luces de Navidad y su colorido no nos cieguen, no podemos encontrar sentido a nuestras vidas alejados de Dios. “La vida puede ser maravillosa”, pero no lo es, porque el pecado lo ha estropeado todo y nos ha alejado de nuestro Creador. Sólo cuando somos reconciliados con Dios podemos vislumbrar el sentido de la vida y, a pesar de los sufrimientos y el dolor que podamos experimentar, sus promesas nos hacen anhelar una vida maravillosa que transciende a lo material.

     Siguiendo con la enseñanza del libro de Eclesiastés, los que hemos experimentado el perdón y la justificación de Dios, entramos dentro de la descripción que encontramos en el cap.9 vers. 1: “Los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios”. Podemos celebrar estos días de forma equilibrada, sin excesos, con gratitud al recordar que Jesucristo vino a este mundo para morir en nuestro lugar y reconciliarnos con el Padre. Como cristianos podemos encontrar el verdadero sentido, no sólo a estos días, sino a toda nuestra existencia, y disfrutar de la vida siguiendo las palabras de Eclesiastés, cap. 9, vrs. 7: “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios”. Todo lo demás, por muy atractivo que sea su envoltorio, no es otra cosa que “vanidad de vanidades, todo es vanidad”.





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