Y Después de esta vida... ¿Qué?
19 - Noviembre - 2009

Todas las personas darán cuenta ante Dios en función de los dones con los que han sido dotados.

     El 1 de noviembre se celebró en España “El día de todos los santos” y, un día antes, asistimos nuevamente al patético espectáculo de la fiesta de Halloween, que hemos importado sin ningún rubor de Estados Unidos (como tantas otras cosas), a pesar de que somos un país que presume de antiamericanismo. El culto a los muertos y a la muerte que las dos fiestas representan, nos recuerda que el ser humano sigue asistiendo impotente a una realidad que es ineludible; todos, tarde o temprano, nos morimos.

     La sociedad de consumo en la que vivimos ha transformado la muerte en un negocio. En esos días que anteriormente recordaba, se celebró también una feria con la muerte como principal protagonista. Ataúdes personalizados y todo tipo de productos cada cual más excéntrico intentan hacer del “tránsito” un acontecimiento menos frío. Pero los dos productos estrella nos llegan desde Internet y ofrecen la posibilidad de seguir controlando nuestra vida después de muertos o, por lo menos, es lo que pretenden.

     “Envía un e-mail después de muerto”

     El primero nos ofrece, por 25 dólares anuales, guardar las claves de acceso a nuestro universo online y las entregan cuando morimos a las personas que nosotros hayamos indicado. De esta forma, las contraseñas de acceso a cuentas corrientes o a las redes sociales, podrán estar disponibles para nuestros familiares si nosotros lo estimamos oportuno.

     El segundo producto es aún más curioso y, hasta cierto punto, inquietante. Varias páginas web nos permiten escribir los mensajes que nos gustaría enviar después de muertos y los envían a las personas señaladas una vez que hemos dejado este mundo. De esta forma, una secretaria podría recibir un e-mail de su jefe varios días después de que éste haya muerto: “Gracias por estar ahí siempre que te necesité. Has sido una secretaria excepcional y de mucho apoyo en los proyectos que hemos sacado adelante. Sé que siempre te ha encantado el cuadro de mi despacho y me gustaría regalártelo como señal de aprecio. Espero que el pequeño Johnny juegue en su equipo de fútbol favorito cuando sea mayor. No te olvides de ir a sus partidos. Te deseo lo mejor. David”.

     “La última lección”

     Al leer la noticia anterior pensé en un libro que he leído últimamente y que me ha impactado en gran manera. Se trata de “La última lección” de Randy Pausch, uno de esos libros que es conveniente tener en toda biblioteca.

     Randy Paush, profesor de ciencias informáticas, fue invitado a dar una conferencia sobre “La última lección”. Es un tipo de conferencia en la que el orador se plantea su propia muerte y considera qué es lo que más le importa en la vida. Lo curioso fue que, cuando Randy recibió la propuesta, no tuvo que imaginar su propia muerte, ya que le habían diagnosticado un cáncer y le quedaban pocos meses de vida. Después de muchas reticencias, aceptó dar la conferencia, con la idea de que fuese un legado a sus hijos de 5, 2 y 1 años para que en el futuro pudieran conocer a su padre.

     La conferencia de Paush es un canto al optimismo y a aprovechar la vida porque “No podemos cambiar las cartas que se nos reparten, pero sí cómo jugamos nuestra mano”. El video de la conferencia ha sido todo un éxito en Internet, que ha sido visto por millones de personas.

     La actitud que Paush presenta ante la vida coincide plenamente con lo que tenemos revelado en la Biblia. Dios nos ha creado, “nos ha repartido las cartas” y nosotros somos responsables de cómo las jugamos. La partida termina cuando morimos, después no hay un nuevo reparto, las cartas ya están sobre la mesa y sólo queda ver el resultado final del juego.

     Esta última lección tienen una aplicación prioritaria en cuanto a la salvación. Las decisiones que tomemos en cuanto a Dios las tenemos que realizar en esta vida, porque después ya no habrá más oportunidades. Pero también tienen una aplicación en cuanto a nuestra relaciones con los demás. No esperemos a estar muertos para enviar un mensaje de cariño a otra persona. Lo que tengamos que hacer o decir, hagámoslo ahora, porque después ya no tendremos oportunidad. El señor Jesucristo nos dice que si alguien tiene alguna cosa contra nosotros, dejemos lo que estemos haciendo y vayamos a arreglarlo. El apóstol Pablo también nos exhorta a estar en paz con todos los hombres, eso sí, en lo que dependa de nosotros.

     Somos responsables de nuestros actos y Dios nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho con nuestra vida. Por mucho que nos quieran vender lo contrario, no podemos controlar nuestra muerte y mucho menos lo que ocurrirá después. Pero sí que somos responsables de lo que hacemos durante nuestra vida y nuestras decisiones en cuanto a Dios determinarán lo que nos ocurrirá después de la muerte.

     “Y después…”

     La incertidumbre ante lo que hay después de la muerte aparece de forma recurrente en toda la historia de la literatura. Pero me quiero detener en otro libro que refleja esta inquietud y temor de forma muy original. Se trata de “Y después…” de Guillaume Musso, una novela que será llevada al cine interpretada por John Malkovich. La historia plantea la existencia de “Los Mensajeros” personas que tienen el don de saber cuándo una persona está a punto de morir. El encuentro del protagonista con uno de estos Mensajeros transformará completamente su vida. Desde ese momento, se dedicará en cuerpo y alma a recuperar todo el tiempo perdido, restablecer relaciones rotas, involucrarse con los problemas ajenos y sacrificarse por los demás. Él nunca ha creído en Dios ni en la supervivencia del alma, pero la percepción de la cercanía de la muerte le llevará a preguntas transcendentales, “¿Qué ocurre después?”, “Y si, a pesar de todo, el hombre no se redujera a su envoltura carnal? ¿Y si hubiera algo más?” y le lleva también a exclamar, “Dios mío, ¡ayúdame!” a pesar de sentirse alejado de Él.

     “Librados del temor de la muerte”

     Una actitud optimista puede serte útil en tu vida, pero no puede asegurarte qué te ocurrirá después de la muerte. Nuestra confianza y esperanza deben estar puestas en Jesucristo, quién venció a la muerte y resucitó y nos puede librar del temor a la muerte que nos tiene esclavizados.

     Él vino a este mundo para darnos vida y “vida en abundancia” por lo que podemos mirar al futuro y a la muerte con nuestra confianza depositada en el Autor de la Vida. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, uno de sus mejores amigos. Cuando Marta, hermana de Lázaro, le recriminó no haber llegado a tiempo, Jesús le tranquilizó con unas palabras que siguen llegando a nuestros oídos llenándonos de paz: “Yo soy la resurrección y la vida, el cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.





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