“El reloj del Fin del Mundo"
12 - Mayo - 2009

Salmo 89:11 "Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; El mundo y su plenitud, tú lo fundaste"

     ¡Cuidado con la gripe!

     La pandemia de “gripe porcina”, luego llamada “gripe mexicana” para evitar daños económicos en el sector de la carne, luego llamada “nueva gripe” para evitar daños económicos en el sector del turismo y luego llamada “gripe A” para evitar daños en no sé muy bien qué sector, ha vuelto a disparar todas las alarmas en la sociedad. El anuncio de un experto de la OMS, advirtiendo del peligro de que la gripe se extienda a un tercio de la humanidad ha sido la gota que ha colmado el vaso.

     Cuando leí las noticias sobre los primeros casos de la epidemia recordé el párrafo de un libro que leí el año pasado titulado “El reloj del fin del mundo”, escrito por el periodista Alfonso Ferrer y que advertía sobre cómo se podría extender una epidemia de gripe, en este caso aviar, por todo el planeta.

      “Podría ocurrir que un turista europeo aspirara el virus en alguno de estos lugares, por ejemplo Hong Kong. Días después, empezará a desarrollar los primeros síntomas: ligeras fiebres, tos, dolor de garganta…

     Llegará el momento de coger el avión para regresar a Europa. Durante su viaje, dejará un largo rastro vírico. Hablará con su compañero de viaje en el avión, pedirá agua a la azafata… Un 10% de los pasajeros y tripulantes habrán adquirido el virus… y el malogrado turista habrá conseguido exportar la enfermedad a otro continente, estableciendo un nuevo foco de contagio que no cesará”.

     El autor señala los riesgos que conlleva la globalización, “los transportes aéreos supondrán un puente en la expansión de una epidemia a gran escala. Hay decenas de miles de vuelos diarios en el mundo. El virus tendrá innumerables oportunidades de propagarse hacia todos los rincones del planeta.”

     No sabemos los efectos que producirá esta gripe, tampoco la parte de manipulación que puede haberse producido para influir en la opinión pública, pero es cierto que los médicos esperan una pandemia vírica, que suele aparecer cada cierto tiempo y que, tarde o temprano, terminará llegando.

     ¡Éramos pocos y…!

     La misma semana que saltaba la noticia de la pandemia, un grupo de expertos reunidos en Granada contribuía a alimentar el miedo en la sociedad con el anuncio de que un asteroide denominado “Apofis” pasará muy cerca de la tierra en el año 2036, existiendo alguna posibilidad de colisionar con nuestro planeta. Científicos españoles están trabajando para interceptar el asteroide, pero el nombre que le han puesto a la misión, “Quijote”, no contribuye precisamente a ser optimistas sobre su resultado.

     El libro también advierte sobre el peligro que podría suponer el asteroide “Apofis”, según el autor “Ya se dirige hacia nosotros. Su trayectoria está trazada. Será en el año 2036. Se trata de un “pedrusco” de unos 350 metros”. El primer paso será en el año 2029, pero el peligro real se producirá cuando vuelva a hacerlo siete años después. También comenta que en verdad las posibilidades de choque son muy remotas, aunque existen y hay que tomarlas en serio. “La catástrofe de Apofis aún no está determinada. Contendremos la respiración”.

     Pues ya veis, tenemos que contener la respiración mientras esperamos al 2036 y, así de paso, evitamos contagiarnos con el virus de la gripe…

     Las coincidencia entre lo escrito en este libro y las noticias de la actualidad nos demuestran que son ciertas las amenazas y peligros que rodean al ser humano y al planeta. La pregunta es, ¿cómo debemos reaccionar los cristianos ante esto? Creo que el mismo libro nos puede ayudar a encontrar una respuesta.

      “El reloj del fin del mundo”

     El título del libro está basado en el reloj del mismo nombre construido en 1947 por un grupo de investigadores para alertar a la humanidad de los peligros que supone una guerra o accidente nuclear. Sus manecillas señalan el nivel de la amenaza a la que nos enfrentamos y actualmente se encuentra situado a cinco minutos del final. Además de las amenazas antes descritas el autor describe otras como el cambio climático, tsunamis, el peligro de los volcanes y algunas más improbables pero muy originales (superpoblación, infertilidad, accidente en el acelerador de partículas, etc).

     Como está tratando de temas que pueden terminar con la humanidad, el libro comienza analizando el concepto del fin del mundo a lo largo de la historia, empezando por el libro de Apocalipsis, siguiendo por Nostradamus y San Malaquías y finalizando por las sectas modernas.

     Me causó tristeza ver el libro de Apocalipsis tratado al mismo nivel que los falsos profetas, pero creo que buena culpa de esto la tienen muchos cristianos que se han dedicado a interpretar la profecía bíblica a la luz del periódico del día y se han atrevido, en algunos casos, a poner fecha al fin del mundo, desobedeciendo lo que la misma Biblia dice.

     Estos errores vuelven a repetirse en situaciones como la actual. Es cierto que tanto el Señor en el Sermón Profético, como el libro de Apocalipsis, hablan de pestes, hambres, posibles meteoritos, guerras, tsunamis, etc. A lo largo de la historia se han sucedido estos acontecimientos y parece haber un crecimiento en su intensidad que confirma lo escrito en la Palabra del Señor. Pero esto no debe hacernos caer en la tentación de poner fecha a la Venida del Señor. Nos toca estar atentos a las señales, es cierto, para estar preparados y ya sea que el Señor venga o pasemos a su presencia, estemos caminando en su voluntad.

     Afortunadamente la Palabra de Dios está por encima del mal uso que pueda hacerse por parte del hombre. Todo lo que hay escrito en ella se cumplirá, cuando el Señor quiera, que será sin duda, el mejor momento.

      “El centro del amor de Dios”

     En la parte final del libro el autor reconoce la fragilidad de este planeta y comenta que el fin del ser humano no será una tragedia cósmica, recriminando al cristianismo por su idea de que el ser humano es el centro de la Creación.

     Afortunadamente, Dios no piensa lo mismo. Para Él sí somos valiosos, por eso envió a su Hijo para que tengamos vida eterna y la raza humana no sea exterminada.

     Dios nos creó a su imagen y semejanza y nos situó en el centro de su amor, para que señoreemos y gobernemos sobre todo lo creado. Por eso los cristianos debemos contribuir al cuidado del planeta (sin caer en los extremismos e intereses oscuros de muchos grupos ecologistas), aunque sabemos que este mundo no se acabará hasta que el Señor venga de nuevo y establezca su reino en unos nuevos cielos y tierra.

     Por otra parte, los cristianos debemos mostrar compasión y misericordia hacia todas las personas que viven angustiadas y atemorizadas ante noticias como las que se están produciendo. Sólo podemos encontrar verdadera paz cuando descansamos en el regazo de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

     Nuestra confianza no debe estar puesta en que la enfermedad no nos afectará (otro error que cometen algunos cristianos), sino en que la voluntad de Dios se cumple en medio de cualquier situación y que mientras el tiempo pasa…

     ¡El reloj divino avanza hacia la hora en la que el Señor vendrá como ladrón en la noche!





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