Iglesia nueva, vida nueva
14 - Agosto - 2010

Escapar a otras iglesias no arregla nuestra situación con Dios

     Hace algunos años, cuando estaba estudiando en el instituto con mis compañeros, recuerdo cómo los profesores nos aleccionaban sobre la correcta manera de hacer un currículum vitae. Nos explicaban que era muy importante indicar las referencias sobre trabajos anteriores realizados para demostrar a la nueva empresa la experiencia, aptitudes, conocimientos y responsabilidades asumidas en el pasado. Los profesores, enfatizaban en la importancia de indicar al lado de cada referencia, una persona y un teléfono de contacto, que pudieran ratificar la veracidad de la referencia indicada en el currículum. Es más, nos decían que no hacerlo, causaba una mala impresión y que era una mala forma de presentarse, que nos podía perjudicar a la hora de conseguir el nuevo empleo.

     En mi corta experiencia profesional he podido comprobar, cómo las referencias sencillamente han ido desapareciendo de los currículums, dejando simplemente una simple mención de las empresas en las que se ha trabajado con anterioridad. Tal vez en las grandes multinacionales se mantenga esta costumbre, pero en las empresas medianas y pequeñas han desaparecido prácticamente en su totalidad. ¿Las razones? Básicamente son las siguientes:

     1.- Porque es frecuente que en los currículum se incluyan mentiras y exageraciones con el fin de aparentar ser mejor candidato de lo que realmente uno es, de modo que si uno indica referencias puede descubrirse la trampa.

     2.- Porque muchas empresas, en vez de mirar a largo plazo y buscar tener una plantilla formada por gente comprometida, responsable y preparada, prefieren contratar a personas que aporten mano de obra barata y saquen mucho trabajo, sin importar demasiado cómo sea la calidad de las cosas que hacen.

     3.- Por último porque, a veces, las empresas incluidas como referencias que aparecen en el currículum, prefieren desentenderse y con eufemismos contar medias verdades para que su intervención no perjudique la decisión de esa contratación. Por ejemplo, si una empresa recibe una llamada para preguntar acerca de un trabajador al que habían tenido en plantilla, en lugar de decir que lo habían tenido que despedir por ser incompetente, problemático, informal, conflictivo, mal compañero o vago… (si fuese el caso) a menudo da unas referencias que poco o nada tienen que ver con el trabajador que al que despidieron en el pasado. Hasta el punto que la nueva empresa llegará a creer que ha encontrado un buen trabajador. Las empresas que actúan así no se dan cuenta que cuando esa práctica se extiende, pronto todas las empresas se verán muy perjudicadas, incluida la suya propia.

     Resulta bastante triste comprobar que esta relajación y pasividad, que hemos visto en las presentaciones para acceder a un trabajo, también ha contagiado a las iglesias. Casi de la misma manera, por desgracia, se han ido suprimiendo ciertas costumbres y precauciones que se practicaban antes de abrir las puertas de la iglesia a nuevos miembros. Recuerdo que no hace tanto tiempo las iglesias tenían más preocupación por conocer la situación personal y espiritual de los nuevos solicitantes de membresía como por el estado de aquellos que, aún no habiéndola solicitado, se reunían allí de forma habitual y prolongada.

     Así, de una forma distendida, pero con la responsabilidad que empujaba a velar y cuidar de los miembros de la iglesia y proteger el testimonio de la congregación, se invitaba a dichas personas a que aportaran referencias de acerca de su testimonio, de cómo y cuando se convirtió, en qué iglesia se reunía antes, de los ancianos o pastores que había en la iglesia, de los años que lleva siendo creyente, de su situación personal… Y eso no era todo. Movidos por la preocupación por conocer a las personas a la que se les abrían las puertas de la iglesia, con todo lo que esto supone y conlleva, comprobaban cada una de las referencias aportadas. Es más, recuerdo que, a muchas personas que pretendían integrarse, ni siquiera hacía falta pedirles referencias puesto que ellos mismos cuando llegaban a la iglesia con la intención de integrarse en ella, daban a los ancianos una carta de recomendación de la anterior iglesia. No sería ilógico pensar que cuando una persona no aporta sus referencias, pudiera ser porque estas no fueran todo lo buenas que cabía esperar. En todo caso, eludir la aportación de referencias no es una buena forma de presentarse ya que pone de manifiesto una absoluta falta de la transparencia que se le supone a los creyentes, como dice Juan 3:20 que “todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”. El que rehúye dar referencias de su pasado, probablemente, tiene asuntos no resueltos sobre los que no sale bien parado y no está andando con la buena conciencia del que se sabe que anda en luz.

     Hoy día mucha gente viene y va. Cambia de iglesia como de camisa. Si la asamblea de su actual iglesia cree necesario establecer algún tipo de disciplina porque ha trascendido un comportamiento desordenado o que no se corresponde con el que debe tener un cristiano, sencillamente se cambian a otra iglesia menos beligerante o que desconozca su pasado. En la nueva iglesia consigue el anonimato perfecto, en el que, sin cambiar nada ni corregir nada, puede volver a empezar como si nada hubiera ocurrido. Sin arrepentimientos, sin restauración espiritual, sin tener que dar cuentas a nadie de nada. Así nos podemos encontrar casos de toda índole que pueblan los bancos de las iglesias. Gracias a la fórmula del “new beginning” y a la falta de referencias pueden ingresar en una despreocupada nueva iglesia como un miembro respetable espiritualmente, con voz y voto e incluso ejercer ministerios para los que estaba reprobado. ¿Alguien ha pensado en las consecuencias para esa iglesia cuando personas que no aceptaron la disciplina espiritual, puedan ingresar en la suya para impartirla a otros? ¿Con qué criterio? ¿Con qué autoridad espiritual?

     Lamentablemente, muchos de estos autodenominados creyentes, que han llevado una vida desordenada y que han elegido una huída hacia adelante sin aceptar ningún tipo de disciplina ni restauración espiritual, impulsarán y justificarán las acciones desordenadas de otros miembros de la iglesia porque así verán más liberadas sus conciencias. Esta conducta, fruto de una absoluta ceguera espiritual que se entremezcla con las convicciones personales en que viven, desembocará en situaciones en las que defenderán el desorden de otros miembros para justificar, en parte, el suyo propio. Movidos por un sentimiento de afinidad y alivio al comprobar que hay otros cristianos con su mismo desorden, se sentirán seguros de que su relación con Dios no está tan dañada, y continuarán viviendo una vida letargo espiritual y autoengaño.

     De este modo, por ejemplo, personas que se divorcian en una iglesia, pueden casarse con otras para hacerse miembros de una nueva iglesia, presentando a su nueva pareja como si fuera la legítima. Otros pueden asistir a una nueva iglesia viviendo en fornicación con su pareja, como si estuvieran casados. Otros arrastran una historia de hijos tenidos con distintas personas, pero al cambiar de ciudad y de iglesia, nadie se entera… Lo peor de estas cosas es que estas prácticas son realizadas por personas que se confiesan creyentes. Hay que diferenciar entre el que vivió sin Cristo y que arrastra las consecuencias de esa vida, de las personas que cometen estas y otras cosas de bulto, habiendo “conocido” a Cristo y habiéndose “entregado” a Él, porque como dice 1ª Timoteo 1:13 unos han hecho cosas antes de conocer a Cristo en ignorancia e incredulidad, pero hay una advertencia contundente a los que ya conociendo a Cristo y persisten en practicar el pecado, tal y como dice en 2ª Pedro 2:20-22 “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”.

     Las personas que están en desorden deben ser disciplinadas en la iglesia en la que han cometido el desorden, por su propio bien espiritual y el de la iglesia. Cuando un creyente es sorprendido en una falta y tiene que dar explicaciones a las personas con las que ha mantenido una imagen de espiritualidad y rectitud, el dolor y la angustia que llega a experimentar son tan extremos que hará que su arrepentimiento y su vida a partir del mismo puede alcanzar una renovada entrega a Cristo. Una entrega auténtica y absoluta.

Como se puede ver en 2ª Corintios 7:10-11 la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, pero la tristeza del mundo produce muerte, “porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación!”. Sin embargo, si uno huye a otra iglesia en la que no le piden referencias, aunque busque ser restaurado ahí, en donde nadie conoce su pasado, ni le conoce a él, y que sólo van a tener que decidir sobre los hechos que él decida exponer, se va a presentar casi siempre con una situación más “sencilla” y una restauración menos apropiada, que no producirá el efecto de transformación y restauración que hacerlo en su propia iglesia. Es como comparar “derribar un muro de arriba abajo y levantarlo de nuevo ladrillo a ladrillo” con “dar una mano de escayola al muro viejo”.

     El peligro de que las iglesias se desentiendan

     El peligro de desentenderse de la responsabilidad que supone velar por la integridad espiritual de una iglesia y sus miembros, o de la obligación con la iglesia universal de reflejar los hechos sobre una persona tal y como son, supone una contribución negativa a la integridad espiritual de las iglesias y a la de los propios creyentes.

     En primer lugar, la Biblia recoge multitud de cartas en las que se dan referencias de creyentes. Basta con leer cualquiera de las salutaciones o despedidas de las epístolas de Pablo. Sin embargo el ejemplo más claro, lo podemos encontrar en la breve epístola de Juan (la tercera) en la que habla para bien de Gayo por su buen testimonio y muy mal de Diótrefes por su egocéntrico despotismo. Sin embargo, en honor a la verdad, Juan tenía que decir tanto lo uno como lo otro para que todos los que la leyesen supieran lo que había acontecido, y que la credibilidad de los hechos que se escriben la contrastasen con la persona que los firma. Esto es, con el testimonio del propio Juan.

     Los que primeramente sufren la pérdida son los creyentes que huyen de su pasado, creyendo poder arreglarse con el Señor por el hecho de cambiar de iglesia y proponerse comportarse mejor. Estos vivirán toda su vida auto-engañados ignorando voluntariamente la voluntad de Dios para sus vidas. Personalmente, creo que son aquellos a los que el Señor les dice “nunca os conocí”.

     En segundo lugar se resentirá el testimonio de la iglesia a la que vayan, puesto que un creyente que no acepta la autoridad de Dios, representada por su iglesia y acude a otra nueva, lo hará con la misma falta de humildad y los mismos vicios que le hicieron salir de la anterior sin someterse a su autoridad espiritual.

     Por último, el testimonio universal de la iglesia será terriblemente dañado, porque el evangelio se diluirá al amoldar la Palabra a nuestra forma de vivir en lugar de amoldar nuestra forma de vivir a la Palabra de Dios. Para que de este modo, haciendo un evangelio light y desapegado las iglesias, puedan llenar bancos con autodenominados creyentes de toda la vida que en muchos casos todavía no han nacido de nuevo o viven en rebeldía a los mandamientos de Dios, pero que están completamente cegados como para poder reconocerlo. El mundo despreciará por esta hipocresía al mensaje del evangelio por causa del testimonio de muchas personas que llenan las iglesias viviendo vidas de aparente religiosidad, pero que su comportamiento no diferirá para nada del que hacen personas que nunca han pisado una iglesia, y la luz de la iglesia dejará de alumbrar.





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