¿Desaparecerá el cristianismo bíblico?
09 - Marzo - 2009

¿Podrán encontrarse situaciones similares a las de la imagen?

     Agradecimiento .- Es una distinción la que me hace Jeitoledo a través de Pablo Blanco, al pedirme que me dirija a los lectores de esta prestigiosa Web cristiana, y más, siendo conocedor de la trayectoria de Pablo en beneficio de la comunidad hispana, quien con un límpido razonamiento, conciliado con lo doctrinalmente sano, no le temblado la voz para salir al frente y denunciar doctrinas y personajes ajenos a la fe.

     Hace unos años atrás, pensaba que en la variedad de denominaciones e iglesias cristianas, todos serían considerados entre sí, como miembros del cuerpo de Cristo, pero demoré en comprender que las diferencias establecidas, por el celo doctrinal y por el sentido de identidad particular de cada iglesia, daban un tono excluyente a quienes presentaran una credencial probada de la fe; aunque es digno de considerar, que son únicos los parámetros bíblicos para el reconocimiento de los que son de la grey del Señor, pero lamentablemente se confunden con los reglamentos de pertenencia privativos de cada congregación. Pero se debe reconocer el esfuerzo de muchas de estas congregaciones, en predicar el evangelio de Cristo conforme a los contenidos escriturales.

     Me ha tocado ver por otro lado, el impresionante crecimiento de agrupaciones de corte neo-pentecostal, las que en un proceso acomodaticio, han ido evolucionando sus prácticas y teología para que respondan a las aspiraciones primarias de la gente, tales como, la bonanza económica y emocional, así como el afán de control sobre aspectos de la vida cotidiana. Surgiendo también dentro del mismo contexto, una tendencia dominionista, resultado de una nueva hermenéutica derivada de importantes centros de estudios teológicos. En general estas tendencias que terminan supliendo el mensaje del evangelio y la dirección epistolar por substitutos extra-escriturales, se adicionan al esfuerzo por desarrollar y despertar las cualidades internas de los hombres, por las cuales se supone alcancen la divinidad y el poder sobre los asuntos temporales y espirituales; además que, las experiencias emocionales o sobrenaturales, las prácticas grupales extravagantes (muchas de las cuales rondan a la demencia colectiva), asumen que son la evidencia del aval divino, a sus enunciados.

      Creo que lo que acontece en América Latina no dista en mucho de lo sucedido en otros ámbitos, pero lo preocupante de esto, es que dada tremenda capacidad de convocatoria de estos grupos y la no menos colosal promoción que reciben de importantes redes televisivas cristianas internacionales (TBN, The Family Christian Network, etc) y locales, hace que por estas dos características, presenten al mundo una imagen distorsionada, de lo que es el modelo formal del cristianismo evangélico.

     Paralelamente existe una facilidad suma para la formación de colectivos sectarios minoritarios, que parecieran disponer de toda facilidad para establecerse y promocionarse, acumulando sobre las cualidades de los grupos sectarios mayores, patrones adicionales que la gente común cree reconocer en el protestantismo.

     Este cristianismo genérico percibido por las gentes, dado que todos estos grupos de autodenominan como tales, sin medir las diferencias que mantengan entre sí y con el cristianismo histórico sostenido en la cabal interpretación escritural, hace que aquellos vean al cristianismo, como una decepción. Incluso creando una actitud refleja, de forma que, que al oír la palabra Cristo, se asocie con la confusión religiosa, y el desorden de las perturbadoras prácticas que se muestran en el mundo libremente.

     La multiplicidad de extravíos, parece mantener perplejos a los cristianos comprometidos, que no solo tienen que debatir y plantear las discrepancias con respecto a los principios fundamentales del cristianismo, sino que en desigualdad de condiciones, tienen que centuplicar esfuerzos para resistir la avalancha de nuevas formas del error que asoman con mayor frecuencia en estos tiempos, pero hablan, aún a costa de ser censurados, solo que su voz es la del fondo del salón, que ahoga el griterío de quienes declaran al Cristo de su preferencia.

     Este ambiente religioso confuso, que no es producto de la casualidad, ni el resultado de la respuesta natural a las condiciones de los tiempos, como algunos asumen debe ser la teología moderna, cambiante, aplicada al contexto social, y que dé respuesta a las necesidades espirituales del momento, resulta en la dilución de las verdades fundamentales de la fe. Y siendo que no se trata de eventualidades, la cosa curiosa es que resalta la estabilidad del culto católico, y beneficia otras tendencias generalmente de la Nueva Era u ocultistas como muestra el actual descreimiento de la humanidad.

     Y no se ha levantado una voz coherente y unánime del protestantismo, minimizando así el clamor de las escrituras que claman el error desde sus contenidos, y en medio de este silencio cómplice que parece haber reducido las denominaciones a su mínima expresión, curiosamente luego del Concilio Vaticano II, a partir del cual asomó una inocultable escisión, sea por las corrientes liberales, espiritualistas o por el descreimiento generalizado que se ve, ha quedado un remanente Bautista, fiel y firme del cual salga la voz que recupere los verdaderos valores espirituales del evangelio, que está terminando de diluirse en esta corriente de confusión provocada.

     Y más allá, ha de reconocerse la necesidad de superar las diferencias doctrinales no fundamentales, y las identidades grupales, de manera que hablando un solo idioma, no sean ya las solitarias voces de hombres de fe que se oyen ahora, sino la Iglesia toda, volviendo testificar al Cristo de la gloria, como único Señor y Salvador, sin la timidez y el acomodo que evite herir otras susceptibilidades religiosas, pero denunciando el error sin temores. Para lo cual hacen falta renunciamientos de las ataduras denominacionales propias, los compromisos con el mundo y con la religión, y de los regímenes jerárquicos establecidos, volviendo los ojos a la única dirección trazada en las Escrituras. ¿Podrá despertar la cristiandad de la realidad que la absorbe? pienso que si, y saldrá de hombres comprometidos que hayan superado las barreras de la temporalidad, prestos a trabajar unos con otros como miembros vivos del cuerpo de Cristo en cualquier parte del mundo, pero más que todo conscientes de que el cristianismo bíblico está presto a desaparecer, para dar lugar a uno nominal y asociado con la más grande agrupación religiosa que haya existido jamás, las muestras son demasiado evidentes para ignorarlas.

     Enrique Breedy





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