¿Qué es entonces la muerte?
20 - Marzo - 2011

Cristo venció a la muerte, y ofrece una vida eterna junto a Él

     Para poder responder a esta pregunta debemos volver a ver otra vez el texto bíblico de Romanos 6:23 que dice: “Porque la paga del pecado es muerte”. Si la paga del pecado es muerte, conforme a nuestra definición, entonces todos cuando morimos pagamos el precio y una vez pagado no sería justo que hubiese otro juicio ni otra condena, porque con la muerte quedaríasolucionado. O de otro modo aparecería una gran injusticia. Los que han sido grandes pecadores pagan el mismo precio que aquellos que han sido “buenas personas”. ¿Sería justo que alguien que hubiese robado una barra de pan cumpliese la misma condena que otro que derribase un avión en el cual viajaban doscientas personas?

     Es para aclarar estas dudas que recurrimos de nuevo a la Biblia para ver si tiene alguna respuesta. En el libro de Romanos el apóstol Pablo dice lo siguiente: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

     Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:

     Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.”(Romanos 2:4-11 )

     Conforme a lo recogido en este texto y en otros, entendemos que existe un juicio después de la muerte física, lo que significa que a lo que nosotros llamamos muerte no es la muerte de ‘la paga del pecado’. Esto provoca que aparezca otra pregunta en nuestra cabeza: ¿Cómo se puede entonces pagar el pecado? Y si lo que nosotros llamamos muerte no es el precio ¿Cómo pues pago Jesucristo el precio?

     La muerte definida por Dios, no por nosotros, es aquella que significa una separación de alguien o de algo. El pecado ha producido una separación entre Dios y el hombre, tal y como vemos en Isaías 59:1-4 “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua. No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad”.

     Cuando Jesucristo estaba en la cruz cargando todo el pecado de la humanidad, exclamo unas palabras: “Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). En el momento más crítico del sufrimiento físico y corporal, Dios se separó y escondió su rostro. Abandonó a Jesucristo por causa del pecado. Jesucristo era santo y sin pecado, y cargó con toda la culpa de la humanidad para pagar el precio del rescate que Satanás, el acusador (Apocalipsis 12:10), probando la perfección de la justicia divina, reclamó para el hombre. No tengo palabras para explicar la profundidad de esta separación. Nos podemos imaginar a un ladrón que tiene una familia numerosa y pobre, y que al escapar de la policía tras el robo, comete un asesinato. En su huida entra en una casa pidiendo misericordia, y el padre de familia se apiada de él, y cuando la policía llama a su puerta, entrega a su único hijo en lugar del ladrón. Esto es lo que Dios hizo con Jesucristo y él acepto.

     Isaías 53:3-12“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

     Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

     Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.

     Jesucristo pagó el precio para que todos sean salvados de la muerte. ¿Qué muerte? La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en Apocalipsis 20:11-15 “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

     Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

     Y un poco más adelante dice: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:7-8)

     Por tanto, la segunda muerte es la separación definitiva y eterna entre Dios y el hombre. Esto no es lo que Dios quiere, es lo que las personas elijen. Y esto debemos tenerlo claro, porque Dios quiere la salvación de la humanidad, “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2ªPedro 3:9)

     ¿Entonces… para los excluidos de la vida eterna existe una vida después del juicio final o no? Si tomamos como definición de la muerte la separación final, entonces la respuesta es NO. Porque si vivir en el presente estado sin Cristo no es vivir (Efesios 2:1), tener una existencia en el infierno sufriendo eternamente la separación de Dios, tampoco es vida. Podríamos compararlo a una persona que está en un hospital, y que es mantenida con vida por medio máquinas durante, veinte años por ejemplo, y aunque no tenga sufrimientos… tampoco podemos decir que ese estado sea el propio de una vida.

     El pueblo judío es un pueblo que cree en Dios y en la existencia de una vida después de la muerte. Hace 2000 años un judío preguntó a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16). La enseñanza de Jesús es tan aplicable a este judío como a nosotros hoy día: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. (Juan 5:24-25).

     Pasar de muerte a vida significa que hemos pasado de una separación provocada por el pecado a una relación de comunión personal con Dios por medio de Jesucristo. Esto quiere decir, que todas las personas que de forma individual y personal reconocen que son pecadoras y se arrepienten de la forma en la que han vivido, condenando el pecado que hay en ellos mismos y reconociendo la imposibilidad de vivir en santidad, piden la intervención de Jesucristo en sus vidas.

     ¿Qué podemos hacer? Reconocer que por nuestra culpa (por mi culpa), Él sufrió teniendo, y aunque tenía la libertad y el derecho a condenarme para perdición y sufrimiento eterno, decidió sufrió en mi lugar porque me ama y te ama. Él hizo lo que nosotros nunca podíamos hacer. (Hechos 2:22-42)

      En Juan 14:6 Jesús, dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí". “Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” 1ªJuan 5:11-15 .

     Si. Existe vida, vida eterna y vida en abundancia pero esta vida es con Jesucristo. Viviendo con El cada día no hay miedo de muerte porque Él es vida.





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