¿Cómo, cuándo y con quién me casaré?
25 - Mayo - 2009

La elección de la pareja para formar un matrimonio es la gran incógnita para la juventud

      ¿Cómo, cuándo y con quien me casaré?

     Vivimos en un mundo donde cada día pasan cosas buenas o malas y la prensa y la televisión están presentes para informarnos de todo lo que pasa. Entre las noticias podemos escuchar continuamente de parejas que se casan, otras que se separan, y que poco tiempo después encontraron a otras personas con las cuales se van a volver a casar. Y en el pensamiento de los jóvenes, chicos y chicas, existe esta pregunta:

     ¿Cómo, cuándo y con quien me casaré?

     Los creyentes buscan el modo de encontrar a la persona idónea sin tener una certeza plena de si están actuando correctamente o no. Muchos son los que dicen que la Biblia no ofrece mucho apoyo para este tema o que lo que la Biblia ofrece esta pasado de moda, y no es adecuado para el siglo XXI. Por eso este artículo está dirigido principalmente a jóvenes creyentes que han entregado sus vidas a Cristo, y tienen a las Sagradas Escrituras como base de su fe, y guía para sus vidas.

     ¿Qué dice, pues, la Biblia sobre esto? Repasemos algunos unos ejemplos con la interpretación de los que dicen que no encuentran apoyo en estos ejemplos:

     ADAN. Dios creó a Eva, y la trajo delante de Adán. De modo que Adán no tuvo la libertad para buscar y elegir por si mismo.

     ISAAC. Abraham envió a su siervo de confianza para buscar en un pueblo lejano a una esposa adecuada para su hijo. ¿Quién se puede casar con una persona desconocida, que además fue elegida por un siervo?

     JACOB. He aquí a un hombre que tuvo que trabajar catorce años sirviendo en casa de Lavan como precio por su esposa. Nadie hoy no aceptaría este modelo, porque el precio a pagar es demasiado alto.

     OSEAS. Dios le ordena a Oseas que se case con una prostituta. ¿Quién va a querer casarse de esta forma con una mujer?

     SANSON. Él conoció a una mujer que era muy guapa, le gustó, y se casó con ella. Este es el ejemplo que le agrada a la mayoría, y quieren casarse como Sansón, pero no que les acontezca lo que a él.

     El modelo típico que encontramos en la Biblia es aquel en el que los padres eran quienes elegían a la persona con quien se casaban sus hijos o hijas. Pero este es un modelo anticuado, que no vale para los tiempos actuales, al menos así lo argumentan la mayoría de los jóvenes.

     Sin embargo en la Biblia encontramos mandamientos de Dios, que son principios para que la vida tenga sentido, y nosotros podamos disfrutar de ella viviendo felices y con alegría. Lo que sucede es que en la mayoría de las ocasiones nos olvidamos de tales principios para vivimos conforme a nuestras propias convicciones.

     Principios y convicciones.

     Con el término “principios” quiero referirme a las leyes o los mandamientos de Dios que son irreversibles o inmutables. Los principios siempre son claros y no admiten retoques. Y con el término de “convicciones” a aquellas cosas que podemos hacer dentro de la libertad que Dios nos permite, siempre que no sean contrarias a los principios. Pero una convicción no es un principio. Por ejemplo: uno se puede casar, sin que exista ninguna prescripción de edad. [1Co 7:36 Mas, si á alguno parece cosa fea en su hija virgen, que “pase ya de edad”, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; cásese. (37) Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que “tiene libertad” de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija virgen, bien hace. (38) sí que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor. (39) La mujer casada está atada á la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, “libre es”: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.]

     Mientras que los principios son generales, las convicciones son personales. Por ejemplo: cada uno puede tener una convicción particular sobre la importancia de determinados eventos, como pueden ser las celebraciones de cumpleaños, de la Navidad, etc. Pero los principios no cambian con el paso del tiempo, mientras que las convicciones son relativas. Por ejemplo: no robar ó no adulterar…son pecados desde principio hasta al final, pero una convicción, como ver la televisión ó no, se puede cambiar en función de la manera de pensar en el tiempo.

     Los principios nunca pueden ser tratados como convicciones, aunque hay mucha gente que transforma en principios a las convicciones, y viceversa. Veamos un ejemplo. [Jer 35:5 Y puse delante de los hijos de la familia de los Rechâbitas tazas y copas llenas de vino, y díjeles: Bebed vino. (6) Más ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Rechâb nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos:(7) Ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la tendréis: mas moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la haz de la tierra donde vosotros peregrináis. (8) Y nosotros hemos obedecido á la voz de Jonadab nuestro padre, hijo de Rechâb, en todas las cosas que nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas; (9) y de no edificar casas para nuestra morada, y de no tener viña, ni heredad, ni sementera. (10) Moramos pues en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme á todas las cosas que nos mandó Jonadab nuestro padre.] Pero nosotros no estamos obligados a vivir siguiendo mandamientos humanos, sino conforme a la voluntad de Dios, porque esa es la única forma que garantiza que nuestra felicidad es real y original.

     Así se lo recordaba el apóstol Pablo a los Colosenses y a todos nosotros. [Col 2:6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él: (7) Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias. (8) Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme á los elementos del mundo, y no según Cristo: (9) Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente.]

     ¿Cómo, cuándo y con quien me casaré?

     Estoy seguro que todos los cristianos quieren casarse conforme a la voluntad de Dios. Así que cuando encuentran a una persona que le gusta dicen que es la voluntad de Dios que se casen con ella. Cuando las cosas no van bien, después de casarse dicen que se han equivocado, que estaban dormidos cuando se casaron; que estaban ciegos, y que por fin se han dado cuenta de su error; que se arrepiente de su elección, aunque no de su modo de actuar, y buscan una solución en el divorcio, antes que la del arrepentimiento delante de Dios.

     En nuestros días, el proceso universalmente aceptado para encontrar a la persona con la cual casarse es: mirar alrededor, establecer una amistad, luego un noviazgo, y después de unos años boda. Sin embargo este modelo para formar un matrimonio no lo encontramos en la Biblia. Únicamente algo parecido se puede entrever en el pasaje mencionado de Jueces 14: 1-20.

     Este modelo parte de la base generalmente aceptada de que no se puede formar un matrimonio con alguien sin conocerlo bien antes de firmar el pacto matrimonial, que como ya tratamos en artículos anteriores, es irreversible. Todas estas personas, antes de casarse afirman que nunca se querrán divorciar, y que lo establecen “hasta que la muerte los separe”, porque tienen conocimiento de que “Dios aborrece el divorcio”.

     Hay algunas personas que para estar más seguros de que el matrimonio va funcionar bien, incluso deciden pasar por otra fase, a la que llaman periodo de prueba. Esto consiste en vivir juntos como pareja durante un tiempo, sin compromiso matrimonial. Si funciona se casan y si no funciona se separan, y cada uno a su vida hasta un nuevo intento.

     La base de este modelo está en la vista y en la pasión de lo que entra por los ojos. Pero lo que se ve es temporal (2Cor. 4:18), pues lo que se ve hoy no coincide casi nunca con lo que se va ver después de que pasen unos años. Si usáramos en el ordenador un programa que permitiese ver como sería una persona veinte años después, no sé cuantas personas que eligieron por la vista a su pareja permanecerían firmes en su elección. Es por ese motivo que tantos se separan después de poco tiempo, porque pasó rápido aquello que les había entrado por la vista, y se toparon con lo que es en realidad la personalidad, el carácter, el corazón, el pensamiento. Y porque la parte más negativa de la auténtica identidad de la persona no se suele ver. Es más, está bien oculta de la vista.

     Para que un matrimonio funcione bien es necesario que las dos personas que lo constituyen sean compatibles una con otra. Y, ¿qué es la compatibilidad? Este término lo entendemos con facilidad en términos médicos cuando se habla, por ejemplo, de un trasplante de órganos. Cuando una persona necesita un riñón se abre un proceso de búsqueda de una persona donante cercana, que tenga un grupo sanguíneo afín, y que sea esencialmente lo más idéntica posible con aquella que lo va a recibir. Este proceso no lo dirige el paciente, el enfermo, sino un experto medico, quien va a tomar pruebas y hacer los análisis para comprobar la compatibilidad del órgano que va a ser implantado en el nuevo cuerpo. Con todo aun es posible que habiendo confirmado la compatibilidad por parte del especialista el cuerpo del enfermo, en muchas ocasiones, rechace el nuevo órgano como incompatible. Estando así las cosas, ¿cómo podemos afirmar que tenemos toda la capacidad para elegir personalmente a la persona que va ser la futura esposa/o? Incluso, ¿podemos confiar que acertaremos plenamente con el consejo de los padres, pastores ó amigos cuando se nos presenta como compatible una persona que ellos piensan que sea la futura esposa/o idónea? Yo digo que no. [Jer 17:5: Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. (6) Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. (7) Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. (8) Porque él será como el árbol plantado junto á las aguas, que junto á la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto. (9) Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (10) Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.]





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