La lluvia de los pájaros muertos
21 - Enero - 2011

Miles de aves y millones de peces aparecieron muertos sin explicación alguna

     Estaba a punto de salir cuando sonó el teléfono. Era un hermano que yo aprecio mucho, quien tras saludarme me dijo:

     - ¿Qué opinas de las lluvias de pájaros muertos de estos días?

     - Pues solo he leído los titulares de prensa y no me he formado ninguna opinión.

     - Lee Oseas 4 del 1 al 4 y dime que te parece.

     - Lo haré en cuanto vuelva a casa.

     - Por favor hazlo ahora y así vas pensando en ello.

     Así lo hice. Cuando regresé más tarde a casa me puse a bucear por Internet sobre la noticia, y finalmente decidí escribir este breve artículo de opinión.

     No soy muy proclive a la asociación de los acontecimientos contemporáneos con la profecía bíblica. Un ávido lector de historia como yo sabe perfectamente de la cantidad de disparates que han escrito muchos autores cristianos en el pasado por esa razón. Pero la prudencia no puede convertirse en un obstáculo al deber de estar atentos a la “palabra profética más segura que tenemos, como a una antorcha que alumbra en un lugar oscuro, hasta el día en que esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones” (2Pedro 1:19), e ignorar las “señales de los tiempos” (Mateo 16: 2, 3).

     Los hechos incuestionables que acaban de suceder en el mundo hace menos de un mes, concretamente desde el pasado día 28 de diciembre al 4 de enero, son sorprendentes. Misteriosas muertes repentinas de aves que están en pleno vuelo provocan una lluvia de cuerpos sin vida que dispara la alarma de los ciudadanos. También la muerte de millones de peces cuyos cuerpos aparecen en ríos ó lagos, ó que flotan a la deriva hasta alguna playa. Lo más significativo es, que tienen en común, su falta de explicación científica a pesar de haberse practicado decenas de autopsias por parte de equipos científicos tanto oficiales como privados, y emplear los más modernos equipos que la ciencia forense tiene a su alcance. La sorpresa aumenta cuando se tiene en cuenta el hecho de que han ocurrido casi simultáneamente, apenas en una semana, y en diferentes partes del mundo, algunas muy alejadas de las otras, como para poder asignarles una causa natural común, ya sea climática, epidémica ó ambiental.

     Los principales episodios que saltaron a los medios de comunicación fueron los siguientes: 5000 mirlos de cola roja llovieron literalmente muertos del cielo en el estado norteamericano de Arkansas. Mas lluvias de pájaros muertos de otras especies tuvieron lugar en los estados de Maryland, Arizona (aquí se trató de murciélagos), Luisiana y Arkansas. Pero los noticiarios informaron que también se registraron episodios semejantes de caída de aves muertas, aunque con cantidades menores, en Suecia, Italia y el Reino Unido. Por otra parte casi simultáneamente más de cien mil peces aparecieron muertos en el Río Arkansas, y se informa de otra mortandad mayor en número en Chasapeake Bay, Maryland, con unos dos millones de peces muertos según el departamento de Medio Ambiente, y también de otros episodios aunque envolviendo menores cantidades en el Reino Unido ó Nueva Zelanda. En el litoral de Brasil aparecieron más de 100 toneladas de sardinas y otras especies de peces muertos. Todo ello en el espacio de una semana.

     Ahora veamos el texto bíblico que mi hermano me apuntaba:

     Oseas 4:1-3 “Oíd la palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden. Por lo cual se llenará de luto la tierra, y desfallecerán sus moradores con las bestias del campo y las aves del cielo; y hasta los peces del mar morirán”.

     Es cierto que la profecía de Oseas en su dimensión inmediata estaba destinada a los habitantes del pueblo de Israel de su generación, pero los creyentes también sabemos que las profecías sobrepasan casi siempre su destino primario. En la mayoría de las ocasiones la información que contienen también envuelve acontecimientos que verán su cumplimiento mucho tiempo después. De cualquier manera, lo que resulta indudable es que los motivos de contienda que Dios expone en este texto se encuentran exponencialmente generalizados en nuestra sociedad contemporánea, así que no sería de extrañar que las consecuencias anunciadas pudiesen acarrear consecuencias semejantes en nuestros días.

     De hecho, las catástrofes de todo tipo que se suceden a lo largo y ancho del planeta tienen lugar cada vez con mayor frecuencia y dimensión. Episodios que son proporcionales con el incremento del desprecio con que los hombres consideran a los valores y principios que Dios demanda en su Palabra, así como al menosprecio de su voluntad, a la blasfemia de su nombre ó a la negación misma de su existencia.

     Así que existiendo un Dios justo ‘muy limpio de ojos para ver el mal, y que no puede ver la injusticia’ (Habacuc 1:13), la marcha actual de los hombres, que Él creó para su gloria, tiene que estarle produciendo un pesar semejante al que expresó antes de enviar el diluvio (Génesis 6:5 “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”).

     Pero ahora ni siquiera es necesario que Dios envíe plagas ó catástrofes de juicio a este ó aquel lugar. Engrandeciendo su misericordia hacia nosotros le basta simplemente con reducir un poco el nivel de protección con que nos cuida. Y es que la tierra, que está maldita como consecuencia del pecado (Génesis 3:17), en unión con las leyes de la naturaleza que la gobiernan, se convulsiona y “gime con dolores de parto” por la corrupción que la tiene esclavizada (Romanos 8:21, 22), lo cual genera por sí mismas tales convulsiones que las catástrofes ocasionadas serían devastadoras si no fuese por la intervención amorosa de Dios a nuestro favor. Esta verdad la reconocía el profeta Jeremías en sus Lamentaciones: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, gracias a que nunca decayeron sus misericordias”. (Lamentaciones 3:22). También tendríamos una existencia mucho más terrible si Dios no “limitase” las actividades de destrucción y muerte (Juan 10:10) que son el principal deseo del “misterio de la maldad” que impera en el mundo (2ª Tesalonicenses 2:6,7). Pero los hombres, incluso muchos que dicen ser creyentes en lugar de ensalzar la misericordia de Dios que nos libra de catástrofes peores que mereceríamos, incluso le acusan a Él de ser el autor de las calamidades que ocurren en lugar de dirigir la mirada hacia nuestro propio pecado y corrupción.

     El objetivo de Dios antes y ahora es conducir a los hombres al arrepentimiento y a reconciliarse generosa y gratuitamente con Él a través de Jesucristo. Pero como también está profetizado los hombres a causa de sus malas obras prefieren las tinieblas antes que la luz (Juan 3:19), de modo que su destino inevitable es ir de mal a peor, engañando y siendo engañados (2ª Timoteo 3:13), e ignorando todos los llamamientos de Dios para que abandonen los caminos que los conducen a una perdición irremediable, y a la multiplicación de desgracias y catástrofes a su alrededor.

     Las explicaciones a las que los medios de comunicación han recurrido sobre estas muertes de pájaros y peces fueron de lo más peregrino. Pero cualquier referencia parecida a las que se hacen en este artículo han sido ridiculizadas despectivamente con el apelativo de “teorías apocalípticas” de grupos de chiflados, y metidas en el mismo lote que excentricidades tales como “el choque de los pájaros contra una nave espacial invisible”. Pero sin embargo les parecía mucho más científico decir que las “muertes fueron producidas por un estrés a causa de los fuegos artificiales de la celebración de fin de año”. Es decir, han preferido afiliarse a cualquier disparate antes que hacerse eco de opiniones que contengan exhortaciones a la moralidad, a la honradez y la solidaridad, sean ó no la causa de estos fenómenos extraños, pero que en cualquier caso siempre tendrían efectos beneficiosos y en nada perjudicarían ni a las personas ni a la sociedad. Se trata de no perder la oportunidad para denigrar a personas e instituciones cristianas. Y en otros casos la decisión fue pasar la noticia al olvido lo más rápido posible, porque ante una falta de explicación medianamente consistente conviene que la gente olvide el asunto y no se haga preguntas incómodas para la falsamente llamada ciencia (1ª Timoteo 6:20).

     Y es que hoy más que nunca antes en la historia humana el Salmo 2 está de actualidad: Las gentes y los pueblos rebelándose contra Dios y pensando vanidades. Los gobernantes y autoridades conspirando contra Dios y contra su Cristo y diciendo: “rompamos las ligaduras que nos unen a ellos y liberémonos de su yugo”. Por todas partes del mundo surgen iniciativas institucionales y privadas coordinadas ó espontáneas destinadas a eliminar de las conciencias, de la historia y de la sociedad el cualquier símbolo de referencia cristiana, ya sea objeto ó principio, cuando no eliminar físicamente a personas que se declaran cristiano. Y si alguien piensa que no se trata de ataques generalizados, sino por una ú otra razón contra algunas instituciones concretas que llevan el nombre de cristianas está ciego. Para la gran masa de perseguidores de Cristo y del cristianismo les da igual que sean católicos, ortodoxos, protestantes, evangélicos, coptos ó testigos de Jehová. Como para aquel procónsul de Acaya, Galión, que los echó a todos por igual fuera de su tribunal, esas son simples disquisiciones de palabras, de nombres, de doctrinas, en las que no van a entrar a juzgar (Hecho 18:14, 15), porque su objetivo claro es “contra Dios y contra su Cristo”.

     Pero si el mundo sigue gritando hoy como hace dos mil años: “no queremos que este reine sobre nosotros” (Lucas 19:14), acontecimientos de este tipo al menos a los cristianos, que sabemos lo que Jesús dijo, que “ni un solo pajarillo cae a tierra sin nuestro Padre” (Mateo 10:29), nos deben ser útiles para examinarnos nuestro propio estado espiritual y el de nuestra relación con Dios, y renovar aquel primer amor que descubrimos cuando fuimos perdonados en Cristo.

     Nota: Algunos enlaces a las noticias que se mencionan en el artículo.

     - Noticia del Diario brasileño Paraná Online. Ver noticia

     - Noticia del Diario italiano La Nazione. Ver noticia

     - Noticia del Diario español El Mundo. Ver noticia





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